Una Danza eterna
Una danza eterna
Hace tiempo hubo un bello romance entre un joven soldado y la hija del gobernador. No todo el mundo lo veía bien, pero a pesar de todo, seguían juntos.
Organizaban escapadas por la noche. Ella se iba al bosque sin su vestimenta de niña rica, llevaba un vestido blanco de tela fina y él la esperaría allí. Se sentaban bajo un gran abeto a contar cómo les iba. Después como todas las noches, bailarían bajo la luna.
Él cada mañana le llevaba una carta y una rosa a su puerta mientras ella observaba desde la ventana como se alejaba.
Pero como os he contado antes, no todo el mundo veía tan bien ésta unión. Como por ejemplo, el padre de ella. No le parecía bien ver que su hija se juntara con un soldado que no podría pagar sus caprichos.
Pero como era la máxima autoridad, conseguía lo que se proponía, y aprovechó para pedirle a un íntimo amigo el favor de que enviara a la batalla el amado de su hija.
Noches siguientes dejaron de encontrarse en el bosque. Ella no encontraba una explicación lógica para que él no pasara por ahí como noche tras noche. No quería creer que él le había fallado; no podía creerlo.
Estaba preocupada, pero también se sentía impotente por no poder hacer nada al respecto. Se podía sentir como la melancolía le consumía cada vez más.
Seguían pasando días sin tener pistas de él, fueron unos días muy difíciles para ella, insoportables. Mientras tanto, su padre no paraba de presentarle pretendientes de otros países, pero todos se volvían a su hogar irritados por la apático temperamento de la joven.
Una mañana al levantarse volvió a mirar por la ventana y no pudo evitar que la tranquilidad y la sorpresa ocuparan su rostro cuando vio una carta. Bajó con inquietud las escaleras para leer las nuevas noticias que le traía su amante.
Aunque en realidad no era algo por lo que debería sonreír. Notó como las lágrimas se dejaban caer sobre sus mejillas mientras iba leyendo.
Una apuñalada hubiera dolido menos que eso para ella. De la misma manera que le arrebataron a él, destrozaron sus sueños, y miles de esperanzas que jamás se cumplirían. No volvió a ser tan feliz con nadie.
Dicen que después de esto, ella todavía esperaba en el bosque a que su amante le diera la mano para bailar, o que le diera una nueva rosa. Nunca más la vieron llorar, pero mucho menos sonreír.
Meses después la joven moriría como su amado hace tiempo, abandonando su vida en la tierra. Su espíritu ya era libre en el bosque. Y en su rostro volvió la felicidad al poder besar de nuevo a su amado.
Desde entonces, ambos espíritus se quedaron bailando sin descanso bajo la luna, felices por estar juntos…
20:26 | Etiquetas: PäGaNa, relatos cortos | 3 Comments
¿Odio fraternal? ¿O un malentendido?
Mike, el mayor. Castaño, ojos azules, alto, notas de sobresaliente, habla inglés, castellano y francés. Presidente del club de ajedrez. Carácter serio y orgulloso. Perfecto, genial, bien educado... El orgullo de nuestros padres. Dieciséis años.
Johanna, la mediana. Ésa soy yo. Morena, ojos negros, baja, notas de sobresaliente, hablo francés, inglés, castellano, alemán, polaco, ruso, japonés, árabe, portugués e italiano. Tengo un grupo de música, en el que actúo como guitarrista y cantante. Carácter extrovertido y alegre. La "oveja negra" para mis padres. Quince años.
George, el pequeño. Moreno, ojos azules, mediana estatura, notas de notable, habla inglés, castellano y portugués y está aprendiendo polaco, alemán, ruso, francés y japonés. Cofundador del grupo de música ("All that I know") y toca la batería en el mismo, vicepresidente del club de ajedrez junto a nuestro hermano Michael. El "inexistente" para nuestros padres. Carácter sensible y tímido. Catorce años.
Ocurrió una tarde, en la que los tres estábamos de vuelta del colegio. Un gran colegio privado en el centro de la ciudad. Los tres llegábamos enfadados. Nuestra casa estaba en las afueras y habíamos perdido el autobús que nos traía de vuelta. Padre estaba en un viaje de negocios (siempre estaba en un viaje de negocios). Madre había ido a comprar un vestido para la fiesta de aquella noche (siempre estaba en fiestas o comprando). La criada había ido a comprar. Madre se había llevado al mayordomo y al chófer. Así que tuvimos que volver andando. Mike estaba acostumbrado a tenerlo siempre todo hecho, a no mover ni un dedo, a recibir la aprobación de todos. George, al contrario, estaba acostumbrado a tener que hacerlo todo, a sentir la indiferencia de todos. Ambos habían discutido sobre los favores de Padre, y yo había hecho de intermediaria, para intentar calmarlos y, finalmente, llevarme la peor parte.
- ¡Tú siempre te llevas todo el favor de Padre!-gritó, harto ya, George a nuestro hermano.
- ¡¡Tú no haces nada para ganártelo!! ¡¡Fíjate!! ¡¡Eres un segundón!! ¡¡Siempre irás por detrás mío!!-respondió, gritando también, Mike.
- ¡¡PARAD YA LOS DOS!!-grité a mi vez.- ¿¡Es que no os dáis cuenta!? ¡La peor parada siempre he sido yo! ¡Y JAMÁS me he quejado!
- ¡¡BAH!!-suspiramos los tres a la vez, lléndonos cada uno por nuestro lado.
Definitivamente, los chicos eran estúpidos. Odiaba enfadarse con ellos dos y que ellos se enfadaran mutuamente teniendo en cuenta que la única con derecho a enfadarse era ella. Mike no era el orgullo de toda la familia, como él pensaba. Sólo de Padre. Y George, aunque en secreto, era el orgullo de Madre. ¿Qué me queda a mí? Pues... arreglar a esos dos. Me dirigí hacia la habitación de Michael. Él era el primero.
- Mike... ¿Puedo entrar?-pregunté, llamando a la puerta.
- Claro.-contestó la dulce voz de Mike.- ¿Qué pasa?
- ¿No estás enfadado conmigo?-pregunté.
- ¿Yo? No. Cambiaría la cosa si fueras la rata segundona esa de George. Pero siendo tú, no.-explicó mi hermano mayor.
- ¿Te enfadarías si te digo que no tienes razón?-pregunté, algo cohibida.
- ¿A qué viene eso?-preguntó, dejando despertar su curiosidad.
- Pues que... No eres el mejor. Sólo Padre lo cree, Madre cree que el mejor es George, y lo sabes.-expliqué.
- Ah... Te refieres a eso... Ya lo sabía.
- ¿Ya lo sabías?-pregunté, atónita.
- Sí. Lo que me molesta de George es que no se fija en eso. Que sólo quiere competir conmigo y no puede.-dijo él.
- Entonces... ¿De él no te molesta que sea un segundón?
- No. Es decir... No me gusta que intente ser como yo cuando jamás podrá serlo. Lo llamo segundón para que busque otras cosas en las que destaque. Intenta superarme en lógica y estudios, que por supuesto es bueno, pero no el mejor. Intenta superarte en arte y quiere ser más políglota que tú. Sólo que a tí eso no te molesta... Donde él es realmente bueno es en defender derechos. Y eso es lo que no mejora. Si vas a hablar con él... Coméntaselo, a tí te hará caso.-explicó el chico, sabiamente.
- Tal vez te hiciera caso si alguna vez te hubieras parado a explicárselo en vez de insultarle y discutir con él.-comenté, saliendo de la habitacion, oyendo un último "Tal vez..." por parte de Mike.
Continué por el pasillo, hacia la habitación de George. Suspiré hondo, tragué y llamé.
- Si no eres Mike, pasa.-dijo al otro lado la voz aguda de George.
- Hola Ge.-saludé al entrar.
- Hola Jo.-dijo, con un tono amable.
- ¿Sigues enfadado conmigo?-pregunté, utilizando la misma estrategia que con Mike.
- Yo contigo no me he enfadado.-dijo George, entornando los ojos.- Sólo con el cínico asqueroso de tu hermano.
- También es tu hermano.-dije.
- Para mí, ese engendro de la naturaleza no existe.-dijo duramente George.
- Ge... ¿Te has parado a pensar alguna vez que sólo lo hace para intentar ayudarte?-pregunté, cautelosamente.
- ¿Ayudarme? ¿A mí? ¿A qué? ¿A suicidarme?-contestó él, sarcásticamente.
- Sabes que tú eres el favorito de Madre. Lo has sido desde que naciste. ¿Por qué esa rivalidad con Mike?
- ... Porque él cree que es el mejor. Porque cree que es el ojito derecho de todo el mundo. Porque se cree mejor que tú y que yo.-explicó entristecido.
- Vale, sí se cree el mejor. Pero sabe que el ojito derecho de Madre eres tú. Y se cree mejor que tú y que yo sólo en su campo, que es la lógica, las ciencias... Él dice que tú quieres superarnos a ambos en nuestros respectivos campos, y que lo que deberías hacer es mejorar en tu campo, que es la solidaridad y la lucha por los derechos.
- ¿Tú crees?-preguntó George.
- Claro que sí.-contestó una voz, que no fue la mía, sino la de Mike.
- ¿Has escuchado la conversación?-pregunté.
- Sí. Y George...
- Ge.-corrigió George.
- ...Ge. Te ayudaré.-continuó Mike.- Todo ha sido un malentendido, y por no aclarar las cosas, hemos acabado así.
Yo, sin embargo, me fui de la habitación. Yo sobraba en aquella escena. Finalmente, ambos habían cambiado, serán buenos hermanos. Pero, por siempre, yo sería la oveja negra. Porque, al fin y al cabo... Yo fui, soy y seré adoptada... Y en una familia que ha sido rica y famosa por tanto tiempo, eso supone la marginación.
By Tuky
15:32 | Etiquetas: relatos cortos, Tuky | 4 Comments
Recuerdos perdidos en el mar
Recuerdos perdidos en el mar
Era el mejor verano de Amaia. No podía separarse de él. Paseaban juntos por la playa, reían, cantaban…eran felices. Dos adolescentes enamorados, inseparables. Ella siempre se perdía en la mirada de sus ojos esmeralda y Víctor no podía evitar abrazarla y acariciarla.
Tan sólo un hace un mes que se conocían y no podían estar ni un día sin verse. Amaia era feliz con él y Víctor con ella.
Pero no era un cuento perfecto. Cuando agosto terminara, Amaia tendría que volver a Madrid con su familia para seguir con los estudios. Sus padres eran de mucho dinero, en cambio Víctor era un pueblerino con los estudios justos. Los padres de Amaia no le consentirían que se quedara en el pueblo con un pueblerino. Querían que se centrara en el futuro, querían que fuera médica. Aunque esto no era precisamente lo que ella deseaba. Ella deseaba vivir en el pueblo, con su marido e hijos, y pintar los paisajes que se le presentaban en la zona. No era el tipo de persona que le gustara vivir entre riquezas, no era su imagen de la felicidad. Ella se encontraba bien con algo natural.
Una semana antes para que agosto finalizase, Amaia y Víctor daban uno de sus últimos paseos por la playa. Iban cogidos de la mano y caminando en silencio y despacito. Hasta que Amaia rompió el silencio con un gran suspiro de tristeza. Se detuvieron y Víctor la miró a los ojos, y notó que algo invadía malo invadía la mente de Amaia.
-¿Qué te pasa?-Le dijo con un tono suave para no asustarla.
-Que sólo queda una semana para estar juntos-Explicó con una triste sonrisa-No me quiero alejar de ti, Víctor.
Víctor notó como a Amaia se le iban llenando poco a poco los ojos de lágrimas. Suspiró, y sin pensar, sólo le cogió el rostro y le beso la frente. En ese momento la respiración de Amaia se calmó. Víctor le secó las lágrimas y la consoló.
-No te preocupes. No tienes por qué estar triste. Crecerás, te convertirás es una gran médica, te casarás y serás más feliz de lo que te puedes imaginar. Pronto sólo estaré en tus recuerdos. Sólo recordarás esto como una época feliz de la adolescencia.
Amaia no entendió que quiso decir con “Pronto sólo estaré en tus recuerdos”, pero se tranquilizó sólo con que el hecho de estar con él estos últimos días.
Víctor se inclino lentamente para besar a Amaia con ternura.
Pasaron veranos, unos tras otros. Amaia se casó con un médico que conoció en la facultad de medicina y tuvo dos hijos de 8 y 5 años. Pero por mucho fuera el tiempo que pasó no pudo olvidar a aquel chaval del pueblo Catalán.
Un día decidió ir a aquel pueblo y buscarlo. Le dijo a su marido que era un curso de nuevos medicamentos para diferentes enfermedades. Salió de Madrid en un elegante Mercedes negro.
Llegó en unas horas al pueblo. Todo era como ella recordaba; las casas, las flores, el parque…la playa. Preguntó a la gente por Víctor, se lo describía de pies a cabeza, pero nadie parecía acordarse. No había rastro de él en el pueblo. Desesperada, corrió con los ojos empapados hacia la playa.
Al llegar, vio todo igual. En sus recuerdos visualizó a dos jóvenes que iban paseando dados de la mano, los dos con una amplia sonrisa. Después, los vio sentados en la arena, la chica miraba con ternura al chico mientras este jugaba con el pelo de ella. Los imaginó de varias maneras; hablando, riendo, besándose, abrazándose… Pero la última imagen fue la que más le llamó la atención. La chica lloraba, y él le secaba las lágrimas con delicadeza. Luego, el joven le dijo una frase con ternura.
Pronto sólo estaré en tus recuerdos
Amaia se quedó paralizada, y por fin comprendió la frase de Víctor, la que le dijo esa última semana antes de que ella volviera a Madrid.
By PäGaNa
18:57 | Etiquetas: PäGaNa, relatos cortos | 2 Comments
Un sueño agradable
Tomás miraba con gesto triste como las gotas de lluvia se resbalaban por la ventana del coche de sus tía Merche, que no dejaba de llorar. El funeral había acabado y la soledad invadía el corazón del niño de grandes ojos azules. Para él no merecía la pena llorar, ya que nada tenía sentido alguno sin su madre.
Cuando llegó a casa de sus tíos, guardó los pantalones y el jersey negro en su armario para ponerse el pijama. Aunque cuando se metió en la cama no consiguió dormir. Dio vueltas una y otra vez en la cama. Hacia la derecha, hacia la izquierda… Pero nada le hacía relajarse. Cuando sus tíos ya se habían ido a dormir, la luz que venía del pasillo desapareció y esto dio más dificultad a que Tomás se durmiera.
Aunque al final consiguió encontrar el sueño...
-Tomás…Cariño…-Tomás abrió los ojos sobresaltado al oír una voz tan familiar. Se giró en busca de la poseedora de aquella voz.
-Ma… ¿Mami?
Las lágrimas se deslizaron por las mejillas de Tomás sin parar y se levantó para abrazar a su madre.
-¡Corre ven, le tenemos que decir a la tita Merche que no estás muerta!-Exclamó Tomás mientras le tiraba a su madre de la camiseta.
-Cariño, aquí no está la tita Merche…-Dijo su madre con tono suave y delicado mientras que Tomás la miraba perplejo.-Esto es un sueño, tu sueño.
-Eso significa…Que no está pasando de verdad.Tomás se decepcionó al oír las palabras de su falsa madre, pero por otro lado no quería que el sueño acabara nunca. Quería seguir estando con su madre de cualquier manera.
-Soy yo. Si vengo a verte en sueños, nadie nos molestará.-La mujer se dio cuenta de que su hijo seguía llorando. Le mostró una sonrisa tranquila y bella para consolarle.
-No estés triste. Perdoname, no me despedí de ti antes de irme. No te abracé por ultima vez Prometeme una cosa.
Tomás la miro por unos instantes mientras buscaba una respuesta. Al fin, Tomás asintió con la cabeza y espero ha que su madre le explicara en que consistía su promesa.
-Prometeme que serás feliz. Este o no este, quiero que te sigas riendo, que sigas jugando, que aprendas mucho y que sigas una vida feliz y llena de aventuras. No quiero verete llorar más, estabas guapisimo al sonreír y eso no tiene porque cambiar. Se que no estaré aquí para jugar, pero tienes muchos amigos con quienes jugar en el cole, y si lloras se van a aburrir y no querrán jugar. Quiero que seas muy bueno, quiero que ayudes a tu tía Merche para que ella tampoco llore. Yo te estaré viendo crecer. Veré los momentos difíciles y los fáciles, pero desde otro sitio. Yo estaré bien si tu estás bien. Persigue tu sueño, seguro que algún día serás un policía fantástico cariño. Solo tendrás que esforzarte y luchar por ello.
Tomás se quedó sin habla mirando a su madre. Este era su sueño, pero esa no era una madre falsa, era su madre. Era la mujer con la que había sido siempre feliz. La que le cantaba antes de dormir, la que le hacía hamburguesa paracenar todos los viernes, con la que jugaba. También era la que le ayudaba con los deberes y espantaba todas las noches al monstruo que dormía bajo su cama.
Era ella.
Tomás la miró, y sin poder resistirse se abalanzó a sus brazos de nuevo. Pero ahora ya no lloraba, ahora reía a carcajadas con su madre. Ahora todo era más fácil. Sabía que cuando el sueño acabará ella no estría en su habitación, pero si en su corazón, mirando lo feliz que era día tras día.
-Te quiero mamá…
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By PäGaNa
20:46 | Etiquetas: relatos cortos | 2 Comments
Welcome!!

¡Buenas a tod@s y bienvenidos a La Hora Del Cuento!
Acabáis de entrar en un mundo nuevo... Un mundo en el que no hay crisis, un mundo en el que los problemas se olvidan. Un mundo en el que todo se puede hacer realidad... Aquí, en La Hora Del Cuento, pretendemos que pases un buen rato leyendo desde las historias más divertidas, extravagantes y fantasiosas hasta las más tristes, normales y reales, pasando por supuesto por las historias de miedo.
Esperamos que paséis un buen rato, y perdonad por la falta de historias en un principio, pero pronto se irá llenando.
Saludos!
17:48 | | 1 Comments
Has llegado ha la hora de los cuentos, que está a punto de empezar. Pasate por aquí y lee algunos de nuestros relatos!
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